A veces las
cosas no salen como hemos planeado. A veces sencillamente nos descubrimos
sentados de nuevo ante de la pantalla del ordenador, preguntándonos cómo ha
podido pasar tantísimo tiempo desde que prometimos volver. Y no solemos
encontrar explicación alguna: porque no la hay, porque el tiempo no avisa,
porque estuvimos descansando durante siglos. Y tras la sorpresa inicial
empezamos a notar el peso del tiempo en nuestra espalda, notamos que nuestras
manos tienen cicatrices que no reconocemos, sabemos que sólo ha sido un
pestañeo, pero que ese pestañeo cargaba la eternidad consigo.
Y de repente
un día despertamos, y lo volvemos a ver todo como una vez lo hicimos. Y
volvemos a sentir el dolor, el pánico, la falta de aire.
Lo pensamos un
instante, solamente uno, pues la idea de recular es tentadora y despiadada.
Decidimos aceptar ese dolor y volvemos a reconocernos ante el espejo.
Y es que a
veces las cosas no salen como hemos planeado, a veces sencillamente nos
descubrimos sentados de nuevo ante de la pantalla del ordenador, cuando parece
que han pasado mil siglos…

Me atrevería a decir que las cosas casi NUNCA salen como planeamos, pero muchas veces también la vida nos sorprende para bien y mira que quizás mientras estés entre tu ordenador puede aparecer otra persona que haga que otra vez todo se active, no?
ResponderEliminarYa sabes que si quieres puedes seguirme por twitter (@maay_gt)
Un abrazo guapa! :)
Ese es el encanto de toda esa maraña de casualidades, por llamarlo de alguna manera.
ResponderEliminarUn placer recibirte en mi hueco de joyas robadas (o no tan robadas)
Tú sí que eres guapa!!! Besis y enhorabuena por tu espacio!